De URDIMBRE
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(...) Lejos de los crípticos "ismos" vanguardistas, la obra de esta poetisa ostenta peculiar lucidez, aunque se percibe en ella fluctuación de movimientos contrarios; regresivos en un ir atrás en lo temporal y en el espacio físico...

Alicia G. R. Aldaya



ESTAMPAS


CONVENTO DE SANTA CLARA

Convento de Santa Clara...
Refugio de monjas tiernas,
jardín de voces perdidas,
de lágrimas y de rejas.
Estampa clavada al tiempo,
perezoso centinela
dormido entre los quehaceres
de nuestra Habana despierta.

Convento de Santa Clara...
Cuando mis pasos se alejen
de tus carcomidas puertas
y no alegre tu reposo
nuestra actividad inquieta;
cuando el flanboyant vetusto
sus azules flores pierda
y altivo entre tus escombros
grites tu rancia nobleza;
cuando se apaguen tus risas
y voces de almas en pena
vuelvan a poblar tus sombras
y a arrancarte historias viejas;
cuando vuelvas al silencio
de los que solos se quedan,

Convento de Santa Clara,
cuadro de pasado en vela,
recuerda que entre tus muros
yo también vacié mis quejas.
Sabe que estarás en mí
cuando a tus fantasmas vuelvas.


FIESTA NEGRA

El barrio se está vistiendo
su traje de noche y luna.
Su traje de ron y fiesta,
peine caliente y cintura.
Desde un rincón de alegría
rompe el son su sabrosura
y hay bongoes y maracas,
guitarras, claves y bulla.
Las voces están calientes
de tabaco, alcohol y rumba,
los cuerpos son latigazos
de sol, de caña y de pulpa,
la risa es risa africana
blanca, sonora y desnuda
que va enrroscándose al filo
de la guasa y la sandunga.
La noche tiene resabios
de tambores y de jungla
y en la sangre hay un retozo
de amor, comparsa y lujuria
que se deshace en el fuego
de ritmos que se fecundan.

El barrio se está vistiendo
su traje de noche y luna.
La noche se está vistiendo
el traje negro de Cuba.


VERDE

Como una esmeralda abierta,
verdes montes y llanuras,
con mil paletadas verdes
el recuerdo te dibuja.

Cañas vestidas de sol,
verdes y limpias de lluvia.
Surco abierto, arado tardo,
bueyes sufriendo la yunta.
Aquí y allá entre tus verdes
manchones, cantan y surcan
tus carretas como grillos
que alborotan la penumbra.
Rompe una guitarra el manso
silencio de la yagruma
y en tus palmas, verdes faros,
inquietas aves se ocultan.
La arboleda fatigada
descuelga la verde fruta
que sueña y busca la savia
que la besa y que la endulza.

Vuelven por el trillo verde
los guajiros que saludan
al pasar con su sencilla
franqueza de alma desnuda.
Las bestias en el potrero
en verdes sombras se tumban
y en el verdor campesino
huele a brida y a montura,
a secas hojas pisadas
y a verde hierba desnuda...

Verde princesa antillana
de bravía y noble cuna,
como una esmeralda abierta,
verdes montes y llanuras,
con mil paletadas verdes
el recuerdo te dibuja.


GITANERÍA

Cantares de los gitanos
por los caminos del mundo...
Raíces de amor y pena,
color de fiesta y de luto.

Como un reguero de luces
desde los cerros desnudos
bajan voces y guitarras,
puñales y ojos morunos,
castañuelas y zarcillos,
piel morena y cuerpos duros.
Rezuman los olivares
y revientan en capullos
jazmines y clavelones
de mil jardines de embrujo.

La brisa huele a tristeza,
a flor, a trigo maduro,
a resaca, a limonero,
a sol a sangre y a fruto
para abrazar el lamento
que se siembra en cada surco.
La luna pinta manchones
blancos en calles y muros,
mientras cantan los gitanos
por los caminos del mundo.


*
MAR, CUANDO TÚ Y YO...

Te escucho, mar...
Tu voz me llega como en sordo grito,
como en triste sollozo
que brota de tu entraña arañando un alarido.
Te siento mar...
Tu vida asoma en el sueño tranquilo
y en la ilusión que alienta
mi enajenada urdimbre de caprichosos hilos.
Te busco, mar...
Tú y yo sabemos de agitados ríos
y de riberas cálidas
que acarician y lamen el borde de los siglos.

Te espero, mar...
Cuando mi sombra vuelva del olvido
y tu rumor se acalle,
me acostaré en tu sima para dormir contigo.


FE

Cuando todo falte
buscaré el caudal inmenso que hay
dentro de mí.
Cuando todo sea oscuro
buscaré el camino siguiendo mi propia luz.
Cuando todo sea turbio me empinaré muy alto
recreando mis ojos en blancos horizontes
y en cumbres deslumbrantes
dormidas bajo el sol.

Cuando me encuentre sola
buscaré mis recuerdos para vivir de nuevo
y desandar la senda
con la frente muy alta y las manos asidas
a las manos de Dios.


SONETO DE TODOS LOS DÍAS

En mi vida de siempre hay un sonido
que no lo cambio por ningún tesoro:
trajín de libros, de quehacer, de nido
desde la cuna una sonrisa, un lloro.

Alegres, descansando en mi vestido,
hilos de sol adornándome de oro,
soldaditos de pasta haciendo ruido,
cuentos del gato arisco, el perro, el loro.

En mi vida de siempre hay la frescura
de cosa diaria, natural, sencilla:
un niño que acaricia con ternura,
la abuelita durmiéndose en su silla,
un vendedor que pasa con premura,
y en la mesa, de postre, una natilla.


YO

Yo soy como la nave que se aleja,
como la mar que retrocede esquiva,
y soy la noche que se quema viva
en los brazos del sol, sin una queja.

Yo soy la luna que en la noche deja
el incentivo que el misterio aviva,
y soy el ave que se pierde altiva
llorando sin llorar, a su pareja.

Yo soy la dura piedra de granito
suave al capricho de la gota de agua,
y soy amor y manantial y fragua
donde se forjan sueños de infinito.

Yo soy la soledad que no está sola
y espuma, sal, arena, risco y ola.


SOLA

Sola junto al bismo de mí misma,
inquieta.
Buscándome en la sombra
con la esperanza viva, con la palabra muerta.
Sola frente al silencio.
Asida al Dios de los que no se encuentran.
Torturando el vacío
de un surco sin semillas, de un grito sin respuesta.
Sola con mi yo turbio.
Barca sin rumbo por la herida abierta.
Sendero sin orillas, horizonte sin cielo.
Gusto amargo de fiesta.


MIEDO

Espera,
que no se inquiete
la sombra de mi silencio.
Espera, que no se asusten,
que no despierten mis sueños.
Un hilo blanco de pena
se me está anudando adentro.
Un hilo que tiene garras
está enhebrándome el tiempo.
Espera,
que no me alcance
el filo de mis recuerdos.

Déjame dormir mis quejas,
déjame ahuyentar el miedo.


DE VUELTA

Vuelves con el abismo de tus mentiras vagas.
Vuelves como el silencio,
como la angustia vuelve, como vuelven
los muertos.
Tu voz, tu voz de siempre habla una lengua extraña,
tu caricia despierta va desandando trillos...
Y mi amor está quieto,
altivo y solitario, empinado en su cumbre
de verdades amargas y caminos abiertos.
Vuelves... y no te has ido.


MALA HIERBA

Angustia,
no me tortures
con tu caricia despierta.
No escarbes en el silencio,
no anides en mi tristeza.
Me está lamiendo la vida
con su cuchillo de pena
y tú mordiéndome hondo,
hurgando en la herida fresca.
Angustia,
no me lastimes
con tu afán de mala hierba...
Déjame ahuyentar el miedo,
déjame sembrar mi huerta.


GUITARRA

Eres, más que un corazón,
un corazón de madera
Eres, más que amiga fiel,
hermana de muchas quejas
y en ruidosas alegrías
más que hermana, compañera.
Te descubrí o me encontraste
añorando cosas viejas,
buscándome en la distancia
como se busca una estrella.
Te compartí y en tus notas
se quedaron otras huellas...

Ya no me dicen lo mismo
tus entristecidas cuerdas.
Estás de luto, guitarra.
Estamos las dos abiertas.


CONMIGO

Mi infancia está conmigo...
Me ha llegado en la brisa, en la lluvia, en la noche
de un jardín en verano.
En el dulzón perfume de azucenas, de albahaca,
del jazmín pequeñito que mi madre nos daba
para calmar angustias que ella no adivinaba.
Me ha llegado en un patio de cargados frutales:
guanábanos, caimitos,
mangos “miniatura” y mangos de Santiago.

Mi infancia está conmigo...
Notas de una guitarra que rasgueaba mi hermano,
amigas que no han sido, rincones asustados,
familiares lejanos.
Rostros que me sonríen como en tierno reproche.
Calles, verjas, sonidos,
alegrías pueriles, inquietudes y miedo
de cosas imposibles
que luego sucedieron.
Ansiedad, rebeldía y el fantasma de un piano
grande, pesado y negro
que me esperaba siempre como amante frustrado

Mi infancia está conmigo...
Me ha llegado en la brisa, en la lluvia, en la noche
de un jardín en verano.


RECUERDOS

La noche se ha puesto quieta,
apretada de silencios.
La noche se ha puesto mansa
para adormecer al tiempo.

Por un sendero de sombras
serpentea tu recuerdo.
Por un camino de arenas,
por un regazo de vuelo.

Tu voz insomne en la noche.
Tu voz susurrando al viento.
Como un cuchillo de luna
tu voz afilando el miedo.

La noche se ha puesto blanca
para que vuelen los cuervos.
La noche se ha puesto turbia
para abrazar a sus muertos.


RETRATO
(Romancillo agorero)

Yo nací con un canto
surcándome por dentro,
con palabras esquivas
y angustiosos silencios.
Cuando amé, no me amaron.
Si me amaron el peso
del amor fue quebrando
mis alas en el vuelo.

Yo nací con un canto
corriéndome por dentro
y moriré algún día
con el canto hecho rezo
y la esquiva palabra
acunando silencios.
Una estrella piadosa
bajará hasta mi cuerpo,
me besará la frente
y me iré sonriendo...

Trenzada mi semilla
a la raíz del tiempo.



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