De DIOS Y YO (Diálogo iluminado)
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Todos, aun sin saberlo, hablamos con Dios.
Con él habla el poeta cuando le sorprende
ese divino regalo que nos empeñamos
en llamar duende, musa, inspiración...


ORACIÓN MÍNIMA

Señor,
déjame ser más que yo misma
para que a ciegas,
sin saber,
vacía de preguntas,
llegue hasta ti…
y baste.


MÁS ALLÁ

Cuando se duerma el tiempo,
cuando mi sueño alcance el infinito
y se busque en el sol y en las estrellas
y se encuentre en sí mismo.
Cuando se abracen mares, montes, vuelos,
horizontes, caminos…

Más allá de la nada y el silencio,
más allá de palomas y de nidos.
Donde la pena es blanca
y blanco el miedo y el dolor es niño.
Lejos de todos y de todo plena,
abrazada al destino.

Cuando esté sin estar,
dime, Señor, que estás conmigo.


PLEGARIA

Hoy te pido, Señor, una limosna
de ilusión y de paz,
que están mis ojos turbios y en el alma
tengo penas y sombras, llagas vivas
que no quieren sanar.

Hoy te pido, Señor, una palabra
que me llegue tan hondo que el silencio
se me vuelva campana
repicando oraciones de amor y de verdad.
Hoy te pido, Señor, una lágrima
que refresque mis prados,
una mirada tuya, una esperanza…

Una mano, Señor,
que me pierdo si no sé dónde estás.


PLÁTICA

Escúchame, Señor.
Tú que trajiste al mundo tu mensaje
de amor entre los hombres.
Tú que trajiste al mundo una promesa
de esperanza y de fe.
Tú que siéndolo todo padeciste
un suplicio de cruz.
Tú que fuiste ternura sin ser débil,
poderoso y humilde,
sencillo y encumbrado,
Hombre y Dios.

Tú que lo eres todo y que siéndolo todo
nada tienes,
escúchame, Señor.
Te quiero hablar, no confesarme.
¿Qué puedo yo decirte que ya
no sepas Tú?

Déjame hablarte así. Pedirte
que mis hijos encuentren
amor para quererte y fuerzas
para sufrir la cruz.


MEA CULPA

Acércate Señor,
porque me anudan hoy resentimientos
y es amargo el rencor.
Porque hiere la espina que se ahonda,
porque duele la llaga,
porque sangra el perdón.


NOSOTROS

Del aire al fuego
del agua al sol, de orilla a orilla,
nosotros –los nacidos de Eva
los hijastros de Adán–
culpa a culpa y miedo a miedo
reclamando el perdón.

Soberbios, descreídos, alejados
del vuelo y a mil cruces
de Dios.


ESTO QUE SOY

Esto
que soy tejido en las entrañas
de la tierra
siglos antes de mí y del tiempo.
Llama viva ardiendo sin contornos
ni piel ni sangre ni soplo que la apague.
Latido azul, astral partícula de Dios
y el Universo.

Esto
que he sido y que seré mientras haya luz
en las pupilas del sol
y grite una verdad en cada poro
y en cada sombra habite
una promesa.

Esto.
Círculo de diámetro invisible, exacto y cierto
sellado con el signo de Cruz
en las puertas cerradas
del misterio.

Esto ya piel y sangre y culpa arrancados conmigo
de primigenio Edén.
Esto que soy, atado a mí
y para siempre
suelto.


PRESENCIA

Te siento, Dios, dentro de mí
cuando la vanidad asoma,
cuando me achico
hasta el grano de polvo de mí misma.
Cuando sudan tristezas mis caminos
y me empino doliéndome de tiempo.

Eres germen, latido, fruto
que me crece por dentro.
Siembra de trigo bueno que se inquieta
en la ventisca ingrata
de este ser y no ser.

Te siento, Dios,
en cada sueño y cada angustia
que te llama y te nombra.


ESPIGAS NUEVAS

Ayer hablé con Dios…
No le recé mis culpas, no le dije mis penas
ni le mostré mis llagas.
Hablamos largamente
en un blando silencio iluminado.

Él,
feliz en su tristeza.
Yo,
entregada y serena: casi ausente.

Ayer hablé con Dios,
y desde la buena muerte de mis sombras
verdearon las espigas.


LA VISITA

Quiso ser niño y se escapaba
el hombre por los ojos.
Quiso ser hombre y le era mucha
el alma para serlo.
Desgarró soledades,
hizo un mazo de luz de muchedumbres,
anduvo por el frío y por el hambre
empinándose al golpe,
y empinado, pequeño como el niño
que siempre le negaron.

Me visitó una vez…

A mí,
la anochecida y blanca, la triste,
la extranjera.
A mí,
de la mano del tiempo, despierta
a su llegada.


EL MAR, EL VIENTO Y EL PINAR

Vi al viento destrenzarse por los pinos,
salobre la nostalgia, abierta
su voz de sombras.
Hundí mi mano hasta la luna
que era filo de luz sobre la arena.
¡Qué blanca soledad!
¡Qué voz de tiempo
doliéndome de siempre por los pinos!
¿Qué dijo, qué lloraban
sus lágrimas de sal?
Lo supo el mar, la arena, los pinares:
lo supo Dios.

Yo sólo vi pasar al viento desgreñado,
salobre la nostalgia, abierta
su voz de sombras, su voz desnuda
y extrañamente mía.


CUANDO SE SUELTE EL HILO

Porque
en cada esquina de la ausencia
está el reproche
de la sangre siempre viva de los muertos,
vuelvo de golpe y sin afán a la esfera
en que giro y giro hasta caer
desnuda en las orillas de un paraje sin horas,
sin huellas, sin culpas
y sin mí.
He viajado por el fuego incauto que preside
las noches y los sueños.
Por témpanos, sombras, laberintos
y todavía no sé cómo salir de este molde
que me lleva, me trae, me duele, asfixia,
encierra…

Quizás cuando se suelte el hilo de plata
y se rompa el cántaro en la fuente,
al final del tiempo de mi tiempo,
de ese día sin noche –ése en que saldrá el mar
a reclamar los ríos y el Sembrador su siembra
y el Jardinero su labor– se rompa en añicos
este barro mío y otra vez arcilla blanda,
en Sus manos la amase, la sople, la acaricia
el Alfarero y haga con ella otro objeto, otra cosa.
Quizás otra mujer.


ALEJAMIENTO

Te busco con el hambre suelta
y el ansia de encontrarte fija
siempre en mis dos manos abiertas.
Te busco en el dolor callado
y en el vacío de la fiesta.

No sé por qué Te busco… ¿Acaso
me estoy buscando en Ti?
¿Acaso la pequeñez me falta
de estar muerta?


GENESARET

No quiero
quedarme en las orillas del silencio
ni de rodillas sobre la yerba mansa
ni dormida al primer asalto
de la aurora.

Quiero
estar alerta y de pie sobre la barca.
Tirar las redes y confiar
en mi Genesaret.


EN PAZ

Hoy estoy en paz conmigo
–o con la vida– que es al fin
estar en paz con Dios.
No sé si al sacar al sol y al frío
esta nueva piel que estreno,
se me encoja, estríe o desprenda
capa a capa hasta dejarme
expuesta y rota como ayer.

Pero hoy… Hoy exhibo esta paz
de fiesta regalada
y la abrazo, la ofrezco, la comparto,
sin pensar que mañana, quizás
ya no será.


RUEGO

¿Pétalo a pétalo?
¿Aroma en fuga al aire día a día?
¿Sin imán de miel, sin sed hambrienta?
¿Sin savia, sin afán, sin mariposas?
¿Testigo de una muerte detenida?

No.
Como se tala un roble, Señor.
Como se corta un miembro gangrenado.
Como se arranca el dardo de la herida.
De un tajo. De un redondo hachazo
limpio, exacto y compasivo.


QUIZÁS

Si hace siglos,
quién sabe cuántos
–antes de hacerme Dios con hilos
de poesía, soledad y canto–,
me hubiera deslizado en fuga
hasta unirme a la llama azul del Universo,
quizás yo fuera hoy chispa de luz,
un astro, un árbol,
agua mansa de río, lluvia, mar …

(O música que en onda fugitiva
de Norte a Sur surcara el tiempo.
sin rumbo ni destino)


ERA UNA VOZ

Era una voz arisca
gritándole a las cuatro esquinas del silencio.
Voz celosa del hálito de paz,
de la hebra de luz acodada en la esquina
de mi espejo.

Era una voz oscura…

Y le volví la espalda,
y me aferré a la antorcha viva
que incendiaba de pronto mis rincones,
y le escondí el perfil de mi substancia,
y busqué sin hallar el útero materno
que me hiciera otra vez
semilla y agua.

Era una voz cobarde…

No le pedí perdón
por rechazarla, ni le pedí perdón
por no seguirla,
ni le pedí perdón por este empeño
en despedir de pie y con Dios
todas mis sombras.


ORACIÓN DE CADA DÍA

Señor,
haz que comience cada nuevo día
con el firme propósito de ser
más comprensiva,
más bondadosa y más humilde.
Muéstrame el camino recto
y dame fuerzas
para vencer los obstáculos
que me salgan a paso.

Gracias, Señor,
por todo lo que tengo,
por todo lo que me has dado
y sobre todo,
por la inmensa felicidad
de haberte encontrado.


DIME, SEÑOR

Dime, Señor, que tiene mi jardín
racimos de uvas blancas
y manantial de sueños y arco iris,
y rocío tan leve que refresque mis ojos.

Dime, Señor, que tiene alas mi rumbo
y rumbo mi palabra;
que estrenará mi planta inéditos caminos
para este niño-miedo que se prende
a mi falda gritándome limosnas
por sus ojos de huérfano.

Dime que tienen rosas las espinas
y música y poesía los silencios;
que hay relojes dormidos y ternuras insomnes;
que detrás de la inercia está la hormiga
y del cuervo, el ruiseñor y el trino.

Dime que hay islas de raíces verde
y amanecer
y dignidad y patria.
Dime, Señor, que soy la misma
–extrañamente igual, fija en el tiempo–
entre la vertical vigilia de la muerte
y el quebradizo sueño de la vida.


RETANDO AL TIEMPO

Para tomarle el pulso a la crueldad
del tiempo,
invítalo a encerrarse en tus paredes,
a apresurar el ciclo del fracaso
y retardar el del amor
y el sueño.

Conmínalo a romper relojes,
a recrear la magia del recuerdo,
a desbrozar caminos sin lastima
las piedras,
a acariciar el alba
y a beberse contigo sorbo a sorbo
la inmensidad del agua
del olvido.

Para tomarle el pulso a la fugacidad
del tiempo, exígele el pedazo de ayer que
te quitaron y un minuto de Dios,
y un Credo.


IGUAL

¡Cuánta pena germinando el silencio!
¿Dónde está la palabra,
semilla de montañas desde el Sermón cimero?
¿Dónde los panes y los peces
alimentando el alma?
Si quisiera el Dios-Hombre
regalarnos de nuevo su presencia.
(¡oh Tomases de siempre)
¡cuánto gallo cantando dos y cien
y mil veces,
y más: que apagaría el canto
el susurro del mar y de los ríos!
Canto fijo aguijoneando el miedo
y recortando el ala.
Y después de iguales Judas y de iguales blandas
conciencias de Pilatos,
la misma cruz y el mismo olvido
anocheciendo al hombre.


TODO LO QUE SOY

No Te reprocho nada.
Lo que perdí nunca fue mío, y lo ganado
quién sabe si dádiva o el aliento
de un “Sigue, sigue…Que sigue
el tren andando”.

Confieso que de niña me empiné
más allá de mis manos huérfana
para alcanzar estrellas.
Y me cegó la luz
y en el calor ardieron conmigo
mis banderas.

No Te reprocho nada.
Sé que en un plazo tan breve o largo
como quieras, se detendrá puntual
y sin aviso el tren
que hoy sigue y sigue andando.


EL PEQUEÑO MILAGRO

Habló la madre y todo fue silencio.
Habló el anciano, el cura, el sabio
y todo fue silencio.
Lloró el mendigo el filo de su hambre,
el soldado su náusea,
su pequeñez el hombre,
y todo fue silencio.
Tañeron las campanas el sollozo
del desgarrón más triste,
aulló la brisa gris –sepulturera
de niños y esperanzas–
y todo fue silencio.
Brilló en el pétalo la gota de rocío
y llegaron a Dios
todas las voces.


ACEPTACIÓN

Te empinabas desde mi cruz de olvidos
y no eras tú.
Un galopar de sueños desbocados
se me escapó sin rumbo,
y no era yo.

Desde la cruz bajaba tu silencio
y lo envolví en mi voz negándole la exacta
medida de lo cierto.
Corrí con tu nombre entre las manos
–cálido, mío–
y lo mostré a las aguas de as fuentes
y al sol y a las estrellas...
No me atreví a llevarlo junto al mar.
Cuando volví a mi lado ya no estaba
tu nombre entre mis manos,
pero estaba a cruz de los olvidos
gritando su presente,
y estaba Dios.


ATARDECER

Para llegar a Ti me falta vuelo
y me sobran raíces y cadenas
un resabio de vida por las venas
y el palpitar de angustia en el desvelo.

Para llegar a Ti cruzo sin prisa
las espinas hambrientas del camino
sin escuchar las voces de un destino
que se empeña en graznar por mi sonrisa.

Para llegar a Ti la fe trasciende
como el perdón que entre las culpas arde
como en el llanto la plegaria asciende.
Y hoy… Hoy suicido en paz al yo cobarde
en esta luz que de improviso enciende
el desolado tedio de la tarde.


CONFESIÓN

Estoy
donde se cruza el viento con las sombras,
donde canta el relámpago
y llora el sol y se agazapa
el júbilo en acecho.
Estoy
tan llena de mí misma que ando sola.
Estoy,
Señor, pero no alcanzo
la estatura del pájaro, del niño,
de la hormiga, del polvo, de la oruga.

Estoy,
Señor, y necesito
un pedestal de luz para empinarme.


PUERTO DE LUZ

En Tu piedra de luz
yo me desnudo, me entrego, me redimo
de culpas primigenias
y de sombras.

En Tus aguas de luz
echo mis redes, la sal de mis olvidos
y el asombro fugaz
de mis escamas.

En Tus hombros de luz
dejo mi carga, mis trofeos,
banderas,
premuras, cicatrices
y palabras.

En Tu puerto de luz
quemo mis naves.


ANTES DE MÍ

Yo no estaba allí,
pero sentí Tus manos forjándome
con la greda mítica del sueño
y sentí crecerme a gritos
toda una gama de inquietudes,
angustias, iluminaciones,
paz y miedo.

No, yo no estaba allí,
pero fui ya, sin ser y para siempre,
este tejido oscuro y claro,
esta raíz hambrienta,
este perfil de vuelo, esto que soy
y que me hiciste
mucho antes de mí
y del tiempo.


AL PASO

Si no estoy sola
es porque estoy conmigo.
¡Qué lindo este tenerme
en soledad compartida!

Hoy que todos desertan
me regalas, Señor,
esta paz iluminada
y quieta.
Esta paz tan mía
en tu presencia.


LUEGO...

Llévame Contigo
hasta la orilla del misterio.
Luego, si no alcanzo el vuelo,
regrésame al pan, al agua, al vino,
la lágrima, la risa...

Regrésame Contigo
al regalo del hoy rotundo,
vertical y cierto.


SURCO Y SEMILLA

Sosiégame, Señor,
hasta la esquina más negra de la angustia,
hasta la cruz más alta,
el arisco rincón,
la más hambrienta orilla.

Sosiega
mi raíz precipitada
y este latido de veneno insomne.
Apacigua el surco que no sabe
vivir en paz con su semilla.


GRATITUD

Gracias
por la luz que sé
aunque no esté en mis ojos.
Por la voz y el silencio,
por el vuelo y el tañer de las campanas,
por la piedra y la flor,
por la raíz que me sustenta
y los sueños que nacen y mueren cada día.

Por el regalo de la vida
y la sabia promesa de la muerte.


BÚSQUEDA

Para saberme cerca
no preciso buscarme
en los espejos,
ni en el fragor del recuerdo,
ni en la rubia primavera.

Para saberme cerca
me busco en mí.
Y en el caudal de Luz
que me sembraste
no sé cuándo, ni cómo,
ni por qué.


RESCATE

Salgo
del centrípedo hueco del naufragio
viva y de pie.
No me salvó la mirada de Dios
sobre mis culpas,
ni el azul clavado en la memoria,
ni la mano de nadie.

Sólo el miedo a quedar fija, sola.
Sin regreso.
Huérfana de Su luz.


CONFESIÓN

Estoy
donde se cruza el viento con las sombras,
donde canta el relámpago
y llora el sol y se agazapa
el júbilo en acecho.
Estoy
tan llena de mí misma que ando sola.
Estoy,
Señor, pero no alcanzo
la estatura del pájaro, del niño,
de la hormiga, del polvo, de la oruga.

Estoy,
Señor, y necesito
un pedestal de luz para empinarme.


SÚPLICA

(A Jorge Valls Arango, poeta iluminado)

De Tu perdón se nutre mi estatura,
con Tu calor sustento la esperanza.
Pordiosera de luz y de ternura
se ilumina mi voz cuando Te alcanza.

Por Ti se encrespa el mar que me transita
arrastrando hojarascas y raigambre,
y en el yo solitario que me habita
se acrecientan de Ti la sed y el hambre.

Déjame cobijarme en Tu presencia,
ahuyentada la angustia, el miedo preso,
colmado y libre el cauce de la ausencia.

Déjame hacer contigo ese regreso
al barro, a la vasija, a la inocencia,
al primer llanto, a la verdad y al rezo.


TRÍPTICO DEL SIEMPRE TIEMPO

I

Por el vientre redondo va la aurora
hilando sueños y meciendo trinos.
De luces se esperanzan los caminos,
se alborozan las fuentes a deshora.

Desde la cima blanca –celadora
de reyes y creyentes peregrinos–
va tejiendo la brisa lienzos finos
para vestir la fiesta anunciadora.

Hay rebaños de amor y mansedumbre
pastando por el valle y por la cumbre,
y en el nido de paja –el milagrero–
canta el tiempo un mensaje de alegría
para el vientre redondo de María
que florece al Divino Carpintero.


II

Anochecida aurora. Visionario
acontecer del hombre por su historia.
Un decir de Profetas la memoria,
un suicidio de pueblo legendario.

Dos veces cantó el gallo… Un rosario
de miedo, un agua turbia. Por la escoria
humana, desgarrándose la euforia.
Desde el Madero el vino del Sagrario.

Lanza y raíz, escépticos soldados
repartiéndose harapos por los dados,
oscureciéndose a deshora el día.

¡Qué verguenza de ser! Y con la tarde,
una lágrima eterna rueda y arde
por la madre tristeza de María.


III

Al horizonte asoma –misionera–
el alba de los siglos. Hacen nido
la torcaza y la oruga. Se ha fundido
el invierno del mundo en primavera.

Ya no ruge la sombra. En la pradera
cantan pájaro y luz al renacido
Hombre-Dios. Sin culpa redimido.
Surca alegre la brisa mensajera

con sus voces de trino y de campana
para vestir de Gloria la mañana
reverdeciendo el surco penitente.

¡Cómo cierra en el alma de María
su círculo de tiempo la armonía!
¡Qué florecida cruz la del creyente!


CREDO

Creo en Dios,
en el camino azul para la pena,
en la mano extendida,
la sonrisa de un niño para el llanto,
el hoy, el te quiero,
el todavía…

(y en las islas verdes)

Creo en Dios,
en el agua, la música, el silencio,
en la palabra siempre,
en la cruz y el perdón.
En la verdad, la poesía,
las lágrimas…
(y en las islas verdes)


ORACIÓN FINAL

Padre nuestro
(que nos diste el regalo de la vida
y la sabia promesa de la muerte)

Que estás en el cielo
(atento a nuestra luz y nuestras sombras,
cercano a nuestra voz y a nuestro ruego)

Santificado sea tu nombre
(el que te doy, te damos y te dan
los que no saben siquiera que te
nombran)

Venga a nosotros tu reino
(el de la cruz y las espinas, las llagas
el perdón, la luz y los milagros)

Hágase tu voluntad
(para que este barro que somos
sea campana, yunque, vasija,
copa de cristal)

Así en la tierra
(de surco y de raíz, de flor
y de semilla)

Como en el cielo
(el de paz, azules y sosiego)

Danos hoy nuestro pan de cada día
(para el hambre de ti que no saciamos)

Perdona nuestras ofensas
(las que te duelen, te sangran y nos pesan)

Como también nosotro perdonamos
(¿perdonamos, Señor?)

A los que nos ofenden
(ofendieron y ofenderán)

No nos dejes caer en tentación
(que caemos, Señor, por ser carne
y ser ojos y ser sangre)

Líbranos del mal
(del merecido y nuestro, todo nuestro
desde el día primero hasta el
Amén final)


Este libro contiene poemas inéditos y poemas que aparecen
en otros libros de la autora.


© 2014 Amelia del Castillo
Diseño de Ernesto Martín