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(De POR LA ORILLA FILOSA DE LA AUSENCIA)

I

Con soledad entre las gentes verse...
Francisco de Quevedo




VOY
cortándole el paso
al tiempo que no cesa.
Apretando el racimo de uvas
del recuerdo
resucitando nombres
perdonando culpas mías
y de otros.

Voy
y van conmigo
los del abril que amaneció
temprano
y los de un marzo frío
y un mayo anticipado
y un diciembre
arisco y tormentoso.

Todos y cada uno
empeñados en cortarle el paso
al tiempo que se va y se fue
dejándome conmigo.



ME QUEDAN
(esperando que alguien llegue
se asome, pregunte, se interese)
ideas, versos, música
iluminadas líneas para niños
y un amor asustado
que se quedó sin prisas
entre la soledad y la puerta
cerrada de la ausencia.


Quizás
cuando llegue el momento
de volver, rendir cuentas, dejar atrás
lo que soy, lo que fui, lo nunca sido
saque este amor cansado
y lo ofrezca por el perdón que acaso
no merezca.



SE DESGAJÓ LA SOMBRA
y rodaron sin luz los astros
por la ausencia.
¿En qué rincón de piedra se durmieron
mis manos?
¿Dónde se quebró la voz?

Como espina naciéndole a la noche
entró la madrugada
y me abracé a aquel tajo de sal
ardiéndome por dentro.

No sé.
Quizás dejé mi nombre
entre las sombras.
Quizás
viajaba ya sin mí entreabriendo
las puertas del misterio.



CUANDO VUELVA
–si volver es pisar las mismas huellas–
le contaré a la luz
del hambre de las sombras
y a la sombra
del miedo que tirita
en el calor del fuego.

Cuando vuelva
–si volver es rescatar al yo extraviado–
no voy a reclamarle al barco
que zarpó dejándome al filo
de la ausencia.

Cuando vuelva
–si volver es saber que estoy y estamos–
me abrazaré a las alas
de mi vuelo.



NO SE ATREVE LA TARDE
a rebelarse
y se acuesta mansa y quieta
frente al horizonte
en llamas.

Y mansa y quieta yo
frente al sol ardido y el mar
en vela.
Donde se acalla la voz
y no crepita el fuego.
Donde no hay sed ni fuente
ni bronce ni raíz ni vuelo.
Donde no lame
la playa nuestros cuerpos
ni nos besa la luz...

Donde ayer
sembramos para seguir
viviendo.



LA AMIGA SOLEDAD
mansa y fiel
entibiando la esquina del recuerdo.
Echada siempre a los pies
del que todo lo cambia, muerde
y desbarata.
El que no lleva cuenta
y sin contar nos va dejando
sin una y otra y tantas cosas.
El que nació del caos
y desde el caos se llama
Tiempo.

Y a los pies del amo Tiempo
la amiga Soledad
entibiando la esquina del recuerdo.



PARA MORIR AL SOL
como hojaraca seca
me sobra tiempo
y hasta esa petulancia
de saberme surcada de mareas
caminos, siembras, anclajes
sequías y tormentas.

Para morir al sol
–o a la noche o al olvido–
me sobran culpas, duelos
y el miedo de saberme polvo
brizna, gota...

Todo lo que llega y se va
en un tic de tiempo.



NO NECESITO ALAS
ni brújula ni riendas.
Me basta estar más cerca
más conmigo.
Disputarle al tiempo la pausa
la risa, la mordida
y el surrealismo de saberme
hablándome al oído.



UN SORBO
para la sed
un regalo de luz
una caricia al aire
un ronrroneo o ladrido
para engañar
al tiempo...

Y un ¡ALTO!
a la memoria del olvido.



DÉJAME
ahuyentar la sombra.
Reír sin risa en las mañanas.
Escapar de horarios y silencios.
Hacer, deshacer, andar y desandar.
Escapar del filo y las orillas...

Saber que el hoy no es hoy.
Y que no importe.



ESA RAYA DE HORIZONTE
que se inmola
entre agresivos rojos y violetas
arde también aquí y ahora
y siempre
en el empecinado ayer
que piel adentro quema
y quema para seguir
ardiendo.



CUANDO YO NO ESTÉ
quedarán mis huellas
en el sabio desorden de los libros
la guitarra sin voz, mis versos
las ausencias.

En el aire sin eco
seguirán verseando los poetas
y en un rincón de luces
sin seriedad ni alardes
de boina negra y ese gesto burlón
de siempre-niño
te burlarás de mí, de ti, de todos
apostando a arrancarle en cada vuelta
un pedazo a la vida.

Luego…
Vendrá el desfile de cosas inservibles
negándose al olvido o al transplante.
Y yo con ellas
atrapada en estos fieles muros
de color, ideas, risas
y palabras.



NO SÉ QUÉ TRAEN O LLEVAN
los silbos que trasnochan
por intrincados miedos.
¿Relámpagos de angustia
retahíla de cruces
heridas galopantes horadando
las grietas del silencio?

¿Todo lo que nos queda?
¿Todo lo que se encona, inquieta
y ruge sin encontrar su espacio
entre risas, disfraces
y caretas?

¿Todo lo que nos falta?
¿Todo lo que nos mira como miran
los quejidos del viento
el caracol vacío, las piedras
y el fantasma del nevermore
y del olvido?



MI CASA
–la de jardines sembrados
de risas y silencios
jazmines y fantasmas–
tenía piso inquieto
alar al vuelo
ventanas amigas de la luz
y un portal
arisco al culebreo ingrato
de la sombra.
Mi casa era castillo
cuna, pajar, albergue...

(No sé por qué tenía mi casa
puertas que solo abrían
hacia adentro)



SALGO
al desquiciado Hoy
empeñada en perderme
al voltear cualquier
esquina.
Salgo, me pregunto
tomo nota para nunca
y sonrío.

A ti, a mí...
y a los pájaros de tiempo
que voraces
picotean las migas
de tanto ayer
crecido.



A VECES
–cuando no estoy
a los que dicen verme–
abro las puertas del yo amigo
para que entre y salga a gusto
la hambrienta espiga
del recuerdo.

Y entramos una y otra vez
aunque no sé qué duende oscuro
se obstina en herrumbrar
los goznes para hacerme difícil
algo tan tuyo y mío
y nuestro.



NO ESTUVE
para acunarme el miedo
cuando sin voz ni fuerzas
me abrazaba a no sé
qué amparo esquivo.

No estuve, no.
Pero hoy sé que el miedo
fue miedo compartido.
Nuestro el yo que soy
el yo que fui y este inútil YO
tan de siempre fraterno
y enemigo.



VA EL SOL
con paso lento, sandalia rota
y sed al viento
andando y desandando
el ciclo impenitente.

Lo sé cansado de su afán
insomne.
Confiando sin confiar
en un sorbo, una pausa
un luego
que se alarga y pierde
y se deshace
en su andar, andar, sin prisas
ni sosiego.



EL ÁRBOL
que creció en el patio
sombreando nuestras voces de poetas
–el que cayó sellando la estampida–
gritó sin tregua
que no estaba muerto
que al sol y al viento volverían
sus verdes caminantes
como vuelven la luz, la lluvia
el arco iris, la noche cada noche
el sueño…

(Tus verdes y mis verdes
desde el polvo, un día.)



ESE RÍO OSCURO
que devora peces
corre al pie de árboles fantasmas
y raíces hambrientas.
Tiene al sol
el color de los verdes mustios
y a la sombra el gris profundo
de las hormigas muertas.

Ese río oscuro
que nos abre y surca y reta
se hastiará algún día
de lamer fantasmas y raíces
y se ahogará en sus aguas
por no perderse
en las de un mar ajeno
ávido y perverso.



BRAMA LA TORMENTA
y braman los recuerdos
la noche, la hojarasca...
Y el miedo
de esa flor que vuela
sin regreso.

Hojarasca y flor
que sin saberlo, saben
que no hay bálsamo
ni amor ni risa que consuelen
la soledad
de lluvia en los cristales
y el desgarrón del trueno
en la memoria.



ESTE SABIO PASAR
de horas que se pierden
como el silbar del aire
el ave en vuelo
la tarde que se agota
el calor de ayer en la mirada
la caricia perdida...

(Y esta afilada
ausencia que se queda)



QUIERO VOLVER
y no sé si adentrarme
en el portal de la infancia
los encuentros, los adioses
el horizonte en sombra
o aquel rabiosamente
enardecido.

Cierro los ojos
me pregunto, y sin volver
me abrazo a esta mansa soledad
que es volver sin regresar
al nido.



YA NO SÉ
si reclamar mi tiempo
o abrir de par en par
ventanas que sin decir adiós
dejé ni cerradas
ni abiertas.

Turbio el amanecer
y turbia yo
sin saber si entrar, salir
cerrar o abrir de par en par
mis puertas.

Ya no sé
si claudicar o abrazarme
al hoy desarropado
y cierto.



ESTOY AQUÍ
de espaldas a la sombra.
De frente
a la sabia promesa del canto
la luz y los encuentros.

Estoy aquí
y parece que el nombre que tengo
-o que tenía- siendo igual
es otro y ya no mío.

Estoy aquí
tan sin saber, tan yo, tan otra
tan ajena.



UNA HILACHA DE MÍ
rebelándose
al viento
una palabra sin decir
y casi rota
un ayer obstinado
un yo extranjero.

Una brecha de luz
gritando sin gritar a Dios
desde esta hueca soledad
sin tiempo.



TODO PARECE
hurgar en el pan hambriento
del recuerdo.
Como si este hoy robado
fuera retazo del ayer
que nos cobija, y la consigna
atrapar la huidiza estampa
del olvido.

Como si me dijera adiós
sabiendo que olvidar
es otra despedida.



VOY A HABLARME
con la voz del tiempo.
La voz de los que son y fueron
y serán cuando mi voz
no sea.

Todo
se clava, aprieta y sangra
por ser igual aunque
distinto.
Siempre igual el mar y nunca
el mismo.
Una y otra voz cantando
el mismo río.

Y hoy, aquí, ahora
voy a hablarme
(a repetirme)
en esta voz que es mía y será mía
aunque no importe ya
ni el tiempo ni tú ni yo
ni nada.



HOY TENGO
un revuelo de voces
alertándome brisas y mareas
y un aluvión de cosas
que no supe
o que no fueron.

Hoy
que ya no cuenta el tú
ni el yo ni el luego
tengo tanta pregunta
sin amparo que no sé si decirlas
o dejarlas en paz en su hábitat
de inútiles quejumbres
sin respuestas.

Hoy
que es casi ayer y ya mañana
tengo no sé qué miedo a abrir
el puño y soltar
este aluvión de cosas
que no saben si dolerme
o dejarme en paz
en mi hábitatde ausencias
y silencios.



HA VUELTO
esa mujer
que se parece a alguien
que ni conozco
ni recuerdo.

Ésa
que rastrea huellas
nos mira, recela, se pregunta
se busca en mí, en la otra
en ella.

Ha vuelto
sin voz y sin permiso
la extraña del espejo.



PORQUE HAY AVISO
de tomenta y crispación
de voces y de ideas
me refugio en ti.

Me acoges quietamente.
Hay esquina abriéndose al reposo
fiesta de atardeceres
y paredes que hablan, oyen
y me entienden.

No quisiera dejarte...
Pero hay aviso de tormenta
y es hora ya de refugiarme
en mí.



ESTE AFÁN DE VOLVER
cuando herrumbra la noche
amanecidas yerbas.
Cuando se acuesta el sol
agradeciendo sombras.
Cuando se aluna el mar
y anida el ave y la ansiedad
se aquieta.

Este afán de volver
una y otra vez mordisqueando
el pasto del olvido, oteando huellas
y horadando orillas.

Este afán de volver
como si fuera el tiempo capaz
de reinventar las horas idas.



ANDADURA DE TIEMPO
saetas, arenilla en los ojos
sal en las heridas.
Sin embargo
no hay reflejo de sombra
en los espejos
ni carnaval de miedos
ni una estrella hurtándose
al instante.

Hay
intacta y asombrosamente viva
una esquina de azules
un regalo de auroras rescatadas
un aluvión de trinos…
Y el agridulce encaje del milagro
en el pródigo yo desde
el regreso.



ÉSA
“la de los pies desnudos
que se fue desgajando
por el tiempo”
tiene en los ojos tatuaje
de caminos
silenciadas palabras en los labios
y las manos abiertas.

Se abraza al hoy
y va sin miedos y sin prisa.
Lleva una varita milagrera
un As de Corazones en la manga
y un canario azul
en el sombrero.



CONFÍO
en la promesa de un Siempre
mas allá del hoy, el luego
el nunca, el todavía.
Mas allá
del primer llanto, el primer amor
y la primera muerte.
Mas allá
de ti, de mí y de todos.

Mas allá de todo lo que fue
y es casi olvido.



HOY
que la mano es débil
mansa la angustia
y el mañana incierto.
Hoy
que no supe ser
la que no he sido
me levanto, Señor.

Me abrazo, me perdono
y doy gracias por ser
la que me hiciste
y sin querer
he sido.



EN CADA BRECHA
del yo que me conmina
hay una interrogante
un Credo
una mordida
una cruz
un beso
una mujer aupada
en sus recuerdos
un indolente luego
sin respuesta...

Y abrazado a la luz
este yo pequeñito
que se crece.



POR LA FUENTE DE PAZ
que me regalas
prometo una sonrisa inédita.
No la que nació al calor
de la primera aurora
ni aquéllas
regalándose a la fugacidad
del viento.

Una sonrisa
agradecida y sabia
para la sabia cumbre del camino
al regreso.



CON TANTA LUZ
y tanta sombra compartida
me pierdo –siempre una
y siempre otra– por las vueltas
y revueltas del camino.

Nada dejo ni traigo ni me llevo.
Nada es mío.
De la otra fue el reloj
el nombre, el calendario
el miedo.

Me abrazo y voy conmigo.



II

...y de soledad acompañarse.
Francisco de Quevedo



1

No sé de qué rincón
de soledad me llega
este sabor a lágrima
ni qué asombro de risa
se fragmenta en cristales
de luz doliéndome
en los ojos.



2

Cuando te vayas Sol
¡qué desvelo de orillas
numerándole estrellas
al recuerdo!



3

Se enciende
se abrasa el horizonte
crepita la hojarasca
en la memoria.



4

Me clavo
a las paredes del recuerdo
que no duele ya
ni sangra ni se esconde.



5

Saber que el Hoy
es hoy para mañana
ser recuerdo
del olvido.



6

Como un grito sin voz
una herida abierta
un castigo sin tiempo
un fue que acaso
nunca ha sido.



7

Sin bálsamo ni tregua
este golpear de horas
que sin llegar nos deja.



8

Eso que fue
que se achica en la luz
que deambula en la sombra
que se pierde en el ala
del olvido.



9

Donde la luz no es luz
sino fragor de estrellas
vagabundas.



10

Tiempo
abre tu mirada de fuego
quema arranca desbroza
y náceme de nuevo.



11

¿Cómo saber
si el vuelo es Alfa
Omega o recuerdo
clavado en el castigo?



12

¡No me inquieten
tus miedos
Alfa de Junio
y Omega de no sé
cuándo!



13

Y se rompen espejos
en la sabia y madrina voz
de los silencios.



14

La voz del árbol
la voz del viento
la voz de la soledad
y el tiempo.



15

No me dejes Señor
donde se tiende el aire
se apaga la luz y tu calor
se pierde.



16

Echa a volar
tus campanas de luz
y que aúlle la sombra
chille la comadreja
y se aligere la cruz.



17

Y yo esperando
el canto de la aurora
la luz de las campanas
el regocijo azul
de las ventanas.



18

Por el jardín la mañana
la abeja, la mariposa
por el jardín la esperanza.



19

Todo un yo desvalido
–canto, beso y alma–
abrazándose al yo de pie
y resucitado.



20

De la orilla filosa
te rescato
te devuelvo a la fuente
y al camino
te amanezco de luz
y girasoles.



21

Si no te besa el Sol
girasol
acaricia lo tibio
que te dejó
su huella.



22

Abrázate a la luz
y enciende los resquicios
de la ausencia.




© 2016 Amelia del Castillo
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